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miércoles, abril 16, 2008

El Papa y el Emperador

Vemos ahora al Santo Padre y al Presidente de los Estados Unidos de América dándose cordialmente la mano. Así ha sido durante mil años.

A nadie le gustan hoy los emperadores. "Imperialismo" es una mala palabra.

A muchos no les gusta el Papa. Es demasiado blanco. No se acomoda a la modas: no fue esclavista en el siglo I; no fue racista en el siglo XIX; no se ha plegado al destape en el siglo XX. Ni halaga a los poderosos en el siglo XXI.

El Emperador, sin embargo, no puede desentenderse del Papa. Ni el Papa, del Emperador.

Y que rechinen los dientes de los librepensadores, que, por supuesto, piensan todos lo mismo sobre estas cosas elementales. Piensan con rabia y creen que con la imaginación pueden pisotear al malo de George Bush y al retrógrado de Benedicto XVI.

Rabia e imaginación.

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